By

Nadie nos ha contratado

20 de septiembre de 2020 – 25 Domingo Ordinario

 

El confinamiento provocado por el estado de alarma ante el coronavirus ha hundido la actividad laboral y con ello la economía. Numerosas personas han perdido su puesto de trabajo y han pasado a engrosar las cifras de parados. Y las perspectivas de cara al futuro son sin duda pesimistas.

El paro sigue siendo el mayor problema y preocupación para las familias españolas. Los jóvenes veían ya antes el futuro bloqueado. Ante esa situación, se pierden las ganas de estudiar al constatar de que prácticamente las cosas están tan difíciles para los que tienen estudios como para los que no los tienen. Con la situación de la enseñanza en esta pandemia, se teme que los estudiantes salgan todavía peor preparados que antes.

También en tiempo de Jesús los hombres se arracimaban ociosos en la plaza a ver si alguien venía a ofrecerles trabajo (Mt 20,1-16). La invitación de Jesús es reconfortante porque sigue ofreciendo trabajo en su viña. En la viña del Señor, en su Iglesia, no hay paro. Al contrario, hay mucho trabajo y pocos trabajadores.

¿Qué es lo que está pasando? Probablemente muchos consideran que el trabajo en la Iglesia está mal remunerado para las exigencias que impone y sin perspectivas de ascenso y consideración social. El dueño de la viña no parece un buen pagador y desde luego hoy día habría corrido el riesgo de no convencer a ninguno a ir a trabajar a su campo.

El dueño de la viña, dando la misma paga a todos, parece que quiso asegurar una especie de salario mínimo que garantice a cada persona poder vivir con dignidad junto con toda su familia. El Señor parece hacer una opción a favor de la igualdad en vez de favorecer las horas extras o el grado de rendimiento. Es verdad que una vez más la lógica del evangelio no es la de nuestros especuladores, que buscan únicamente el lucro. Nuestra manera de actuar está muy lejos del estilo de Dios, de sus planes y caminos (Is 55,6-9).

Es una maravilla el que Dios haya querido tener necesidad de los hombres para poder realizar su misión de establecer el Reino. Llama a todos y nunca es tarde para incorporarse a esta tarea. Las generaciones actuales tenemos la responsabilidad de asegurar el futuro de la Iglesia, llamando a las generaciones más jóvenes. Éstas siguen siendo generosas cuando se les presenta una misión que merezca la pena, en la que esté en juego el futuro del hombre, de la humanidad y del planeta tierra. Tendremos que seguir preguntándonos por qué nuestras iglesias se van quedando vacías de jóvenes.

El ejemplo de Pablo es admirable (Filip 1, 20c-24. 27ª). Ha dedicado toda su vida a los demás para que sus fieles puedan llevar una vida digna del evangelio de Cristo. En la vejez pudiera pensar en un retiro cómodo e incluso considerar la muerte como una liberación de los trabajos y sobre todo como el ansiado encuentro con Cristo. Pero ahí lo tenemos dispuesto a seguir dando el callo porque sigue siendo necesario a los demás. Es lo que veo también en tantos de nuestros sacerdotes y religiosos que han superado ampliamente la edad de jubilación y siguen ahí en la brecha, porque consideran que su servicio a los demás es necesario para que los fieles puedan llevar una vida digna del evangelio. Pidamos en esta Eucaristía que el Señor siga enviando obreros a su viña.

 

By

Perdonar al hermano

13 de septiembre de 2020 – 24 Domingo Ordinario

La situación política de España se va volviendo cada vez más difícil a causa de la lucha por el poder. En vez de buscar  el bien común, sobre todo de los más pobres, en esta situación tan dificil que nos toca vivir, . El coronavirus no ha hecho más que tensar la realidad y se ha convertido en un arma arrojadiza. Fácilmente se califica de enemigo al que no piensa igual que yo. Al final consideramos enemigos a los que no son de los nuestros, de nuestra cultura, nuestra raza o religión.

Parece que es de justicia el dar a cada uno lo suyo. Si me han hecho el bien, debo devolver el bien. Si me han hecho el mal, debo pagar con la misma moneda. Así se justifica nuestro sistema penitenciario para que los criminales paguen lo que han hecho. En la lógica humana, el que me la ha hecho me la debe pagar, de lo contrario parece que queda por encima de mí y que yo soy el que sale perdiendo. Y, en el plano económico, sería así si no se pagasen las deudas. El que  perdonara se quedaría sin su dinero.

Por el contrario, en la lógica de Jesús y del evangelio, siempre se ofrece el perdón, no sólo de las ofensas sino también de las deudas. Jesús, desde luego no valía para contable. Con su manera de administrar el dinero llevaría a la bancarrota a cualquier banco. Él perdona con la misma facilidad unos cuantos euros o una millonada. El fundamento del perdón es siempre el amor de Dios, que nos ha perdonado primero una deuda que supera toda posibilidad de ser pagada. Algo así había intuido ya el autor del Libro del Eclesiástico: No se puede ser implacable con el prójimo y querer luego que Dios nos perdone  (27,33-28,9). Desgraciadamente el siervo malvado, que había sido perdonado, no es capaz de hacer lo mismo con su compañero (Mt 18,21-35).

Jesús nos invita a superar la cadena de acción y reacción. Es una ilusión el creer que se va a vencer el mal con el mal. Constatamos, en cambio, que la violencia engendra siempre violencia. El evangelio nos invita, en cambio, a vencer el mal a fuerza de bien, al estilo de Dios que hizo que donde abundó el pecado sobreabundase la gracia.

Claro está que todo esto sólo es posible en la perspectiva cristiana del amor a los enemigos. Somos nosotros los que fabricamos los enemigos para poder justificar nuestras tendencias destructoras. El amor cristiano sabe distinguir entre la persona y sus actos, entre el pecador y su pecado. Dios condenó el pecado en Cristo Jesús, para salvar a los pecadores. La persona humana, a pesar de sus yerros y crímenes, sigue siendo objeto del amor de Dios y sujeto de dignidad humana. Por eso Dios nos da siempre una nueva oportunidad, como pidió el siervo malvado. Lo llamativo es cómo nosotros, a la primera de cambio, tachamos de la lista al que nos ha hecho algo que no nos ha gustado.

En el fondo, tenemos que decir como Jesús en la cruz: “perdónalos porque no saben lo que hacen”. Si el hombre comete el mal, no es porque sea  malo o porque le satisfaga hacer el mal. En realidad hace el mal, creyendo que hace un bien que le puede proporcionar una cierta felicidad, aunque sea pasajera. A veces será simplemente el placer de la venganza. Pero está en el error y no sabe lo que hace. Lo hace porque es un desgraciado y un infeliz. En esta eucaristía acojamos el perdón de Dios en Cristo Jesús y salgamos dispuestos a perdonarnos a nosotros mismos y a todos los que nos hayan ofendido.

 

 

By

Civilización del amor

6 de septiembre 2020 – 23 Domingo Ordinario

Hoy día, en nombre de una tolerancia mal entendida, no queremos que nadie se meta en nuestras vidas ni nosotros queremos meternos en la vida de los demás. Se cree ingenuamente que las acciones individuales no tienen consecuencias para la comunidad. La pandemia nos ha hecho experimentar que todo está conectado y que los hombres no somos islas. Dios nos ha hecho responsable de la vida de los demás (Ez 33,7-9).

La Iglesia a lo largo de los siglos ha querido ser madre y maestra de la humanidad y ha señalado los fallos de los demás. El Papa Francisco ha puesto la lupa también sobre los fallos de la Iglesia para ayudar a corregirnos y hacer que la Iglesia sea más creíble. Solo así podrá proponer una alternativa al estilo de vida de consumo que estamos viviendo y que deja a la mayoría de la humanidad en la miseria.

Muchas veces es posible que la persona haga el mal sin saber que lo está haciendo. La actitud cristiana, basada en el amor, es la de la corrección fraterna. El amor cristiano no sólo implica no hacer mal al otro, sino que pide de nosotros el buscar el bien de los demás (Rm 18,15-20). Cuando uno ve que una persona no vive de acuerdo con las exigencias cristianas que ha abrazado, con toda humildad, se le debe corregir (Mt 18,15-20).

En este momento las familias están desorientadas pues se ha producido una brecha generacional. Los mayores siguen más o menos vinculados a la moral cristiana mientras las generaciones más jóvenes se han desmarcado totalmente de toda orientación moral tradicional y cada uno se fabrica un traje a su medida. Por la paz en la familia se guarda silencio sobre todos estos temas; no pocas veces también se sufre en silencio.

Uno de los problemas actuales candentes es la llamada emergencia educativa. Todavía no sabemos cómo se desarrollará este curso. El confinamiento hizo que los niños estuvieran más acompañados por los padres y profesores.  Las escuelas estuvieron colaborando con las familias para educar integralmente a los niños y jóvenes no quedándose en lo meramente académico. Si la familia y la escuela dimiten de sus responsabilidades, se corre el peligro de que grandes grupos de personas estén totalmente desorientadas en la vida.

En nombre del amor cristiano, debemos intervenir en la vida pública y contribuir a crear una cultura que posibilite una civilización del amor. Nuestra condición de profetas, que han hecho la experiencia de Dios, nos lleva a ser centinelas que advierten de los peligros que amenazan a nuestros contemporáneos. El evangelio denuncia las falsas salvaciones que nos fabricamos los hombres buscando nuestros intereses. Al mismo tiempo el evangelio hace presente en nuestro mundo la salvación de Dios.

La crisis que estamos viviendo no es simplemente económica. Es una crisis moral, una crisis de valores. Están desapareciendo de la escena pública los valores que han dado sentido a la democracia. Los cristianos no podemos quedarnos cruzados de brazos ante esta realidad. Debemos infundir espíritu y esperanza de manera que se pueda construir una auténtica civilización del amor. Que la celebración de la eucaristía nos lleve a trabajar por esa nueva civilización del amor.

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies