By

Le reconocieron al partir el pan

30 de abril de 2017  – 3 Domingo de Pascua

 

La larga crisis está haciendo mella en el corazón de las personas, que poco a poco van perdiendo la esperanza de poder salir de ella. Sobre todo los jóvenes tienen la sensación de que el futuro está totalmente bloqueado. El papa Francisco nos invita a mirar al futuro con esperanza. Ha repetido varias veces. “No os dejéis robar la esperanza. No permitamos que la banalicen con soluciones y propuestas inmediatas que obstruyen el camino”.

Para reanimar nuestra esperanza nos  viene bien el evangelio de los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35). El punto de partida es la frustración humana que, a pesar de todo, sigue discutiendo sobre lo ocurrido, sigue buscando. No podemos resignarnos a que el mundo sea como es. Otro mundo es posible. Jesús se hace presente, aunque se experimenta la imposibilidad de reconocerlo. Jesús va a actuar de verdadero catequista. Empieza interesándose por sus experiencias humanas frustrantes. ¡Cuántas ilusiones perdidas!

Para muchos los últimos cincuenta años son la experiencia del fracaso del cristianismo sobre todo en Europa. Los hombres han ido construyendo la historia y la sociedad de espaldas a Dios, como si Dios no existiera. La situación actual difícilmente era previsible en los comienzos. Habría que haber sido profeta como David para intuir el futuro (Hech 2,14.22-33), o quizás el futuro es siempre novedad y no se deja predecir. Jesús interpreta el fracaso de la cruz a la luz de la Palabra. Los planes de Dios no son los del triunfalismo y el éxito sino el pasar a través de la muerte a la resurrección. Los discípulos fueron sintiendo que sus corazones se caldeaban e iba desapareciendo la tristeza al escuchar a aquel desconocido.

Se hicieron tan amigos de aquel compañero de camino que le invitaron a quedarse con ellos pues el estaba llegando la puesta de sol. Jesús aceptó la invitación y al sentarse a la mesa, fue él el que tomó la iniciativa de romper el pan para dárselo. Entonces se dieron cuenta de que no era la primera vez que lo hacía con ellos. Era Jesús en persona el que estaba allí.  Entonces se produjo la apertura de los ojos de la fe, pero no pudieron ya retener a Jesús. Se fue para que ellos tuvieran libertad de acción. Enseguida se dieron cuenta de la tontería que habían hecho al marcharse de Jerusalén donde quedaba la comunidad de los discípulos. Volvieron inmediatamente y comentaron con los de allí lo que les había ocurrido. También en Jerusalén se habían encontrado con el Maestro resucitado.

Dios no le garantizó a Jesús el éxito, ni nos lo ha prometido tampoco a nosotros. No es en el triunfo humano en el que hemos puesto nuestra confianza sino que “habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza” (1 Ped 1,17-21). El éxito humano y numérico es muy relativo. Lo que cuenta es el bien que se hace. Pero ni tan siquiera tenemos garantía de que haremos una obra bien hecha. Tampoco a Jesús le salieron las cosas perfectamente bien. Hay sin duda muchas obras buenas y bien hechas en nuestro cristianismo español. Pero no es eso lo importante en la fe cristiana. Lo que cuenta es la fidelidad a la persona de Jesús y a su mensaje. Que la celebración de la eucaristía nos permite reconocer al Señor resucitado y nos una más íntimamente a la comunidad eclesial.

 

By

No seas incrédulo

23 de abril de 2017 – Segundo Domingo de Pascua

 

La experiencia de la crisis actual nos hace ver  que la fe cristiana es un elemento fundamental en la construcción de la sociedad. A pesar de los repetidos casos de corrupción, necesitamos seguir creyendo en los demás, necesitamos seguir creyendo que Dios quiere el bien de los hombres y que no nos deja a merced de los poderosos. Se necesitan comunidades cristianas en las que se experimente el perdón y se descubra al Espíritu, que nos urge a la misión para transformar nuestro mundo.

Tan sólo en comunidad se puede hacer la experiencia del Señor resucitado, superando la tentación de escepticismo que amenaza a los individuos inermes ante las realidades sociales. También los discípulos tuvieron miedo a ser víctimas de ilusiones y cuentos. El Apóstol Tomás, en nombre de todos, pidió un encuentro personal con el Resucitado, sin fiarse de lo que los demás le contaban (Jn 20,19-31). Jesús se dejó encontrar personalmente por Tomás y quiere que también cada uno de nosotros lo experimentemos vivo en nuestras vidas. El que Jesús proclame felices a aquellos que han creído sin haber visto no significa que la fe no sea una verdadera experiencia religiosa. En la vida hay muchas experiencias que no se reducen a ver y tocar. ¿De qué tipo de experiencia estamos hablando?

La experiencia del Resucitado tiene tres dimensiones, una objetiva, otra subjetiva y otra comunitaria. No se pueden separar una de otra. Es una experiencia objetiva en el sentido de que no la fabrico yo sino que me es dada. Es el Señor el que se hace encontrar y nos da la fe para reconocerlo. Mediante la fe acontece un encuentro verdaderamente personal que pone en juego toda mi persona. Este elemento personal ha sido unilateralmente separado por la cultura moderna, que reduce todo a una experiencia subjetiva individualista. Cada uno trata de encontrar ante todo consuelo en el encuentro con Jesús y solución para sus problemas. De esa manera hemos vivido un cristianismo demasiado intimista que no incide en la transformación del mundo.

La transformación del mundo es obra no de una persona sino de la comunidad humana. Tenemos que recuperar para nuestra fe la dimensión comunitaria, que tuvo al principio, y que hizo que las comunidades cristianas cambiaran la historia humana o al menos indicaran en la dirección en que debe ser cambiada. Los primeros cristianos crearon unas comunidades alternativas a las existentes en el imperio romano. Lo que más llamó la atención es que “ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno” (Hech 4,32-35). Los cristianos, siguiendo a Jesús, cuestionaron uno de los pilares del mundo antiguo: la propiedad privada. Las propiedades no están simplemente para transmitirlas a los hijos sino que están al servicio de los necesitados.

Hoy día necesitamos comunidades creíbles en las que sea posible el encuentro con el Resucitado. Tomás sólo se encontró con Jesús cuando se integró en la comunidad. El Beato Chaminade quería ofrecer al mundo “el espectáculo de un pueblo de santos”, pues hoy día no basta la santidad individual. Son necesarias numerosas comunidades que hagan presentes el amor de Dios en el mundo (1 Jn 5,1-6). Que la celebración de la eucaristía nos lleve a construir comunidades cristianas en las que se pueda hacer la experiencia del Señor Resucitado.

By

Se han llevado del sepulcro al Señor

16 de abril de 2017 – Domingo de Pascua de Resurrección

Los cambios acelerados que ha vivido nuestro país han cogido de sorpresa a muchos, que no han tenido casi ni tiempo para reaccionar. También la Iglesia está desorientada. Se ha producido una verdadera revolución silenciosa y cuando nos hemos querido dar cuenta estábamos en un mundo que nos parece extraño y no lo reconocemos. Ha desaparecido una especie de mundo familiar e idílico, que quizás no era tanto, en el que la fe y los valores cristianos aparecían constantemente en el escenario que contemplábamos complacidos. Hoy día tenemos la sensación de que se han llevado ese mundo, nos lo han robado y no sabemos dónde ha ido a parar.

Si la sorpresa de la crucifixión fue grande, no menor fue la que experimentaron los discípulos ante la resurrección, ante la desaparición del cuerpo de Jesús. Encargados de verificar la verdad de lo que dicen las mujeres, y en particular María Magdalena, son Pedro y el Discípulo Amado. Ellos sí que pueden dar un testimonio válido. Tanto María como los dos discípulos ven el sepulcro vacío y las vendas y el sudario con el que habían amortajado a Jesús. Es difícil concluir de ahí nada. De hecho ambos discípulos no parecen sacar las mismas conclusiones.

Pedro parece un inspector de policía que toma nota de cómo están las cosas. La descripción parece sugerir que no se trata del robo del cadáver sino que ha debido suceder algo distinto, pues todo está demasiado en orden. El discípulo Amado concluye también su inspección pero creyendo en la resurrección. ¿Cómo llega a esta conclusión? Al comprender de pronto las Escrituras que anunciaban que Jesús tenía que resucitar de entre los muertos. Antes de la resurrección no había manera de entender esos anuncios. Ahora todo parece claro y creen en lo que anunciaban las Escrituras.

¿Qué es lo que creen? Ante todo que Jesús está vivo. El Señor Resucitado es el mismo que ellos conocieron, al que prestaron fe y siguieron, con el que convivieron durante su vida pública, convencidos de que Él era el Mesías de Israel, la revelación definitiva de Dios. Eso supone que sin duda se encontraron con el Señor Resucitado. Los evangelios hablan de las apariciones de Jesús a sus discípulos. No son las apariciones las que fundan la fe de los discípulos. El fundamento de su fe es la persona misma del Resucitado experimentado como vivo y presente en la comunidad mediante su Espíritu.

En ese sentido la fe de los apóstoles tiene el mismo fundamento que la nuestra. No es la aparición del resucitado, sino su presencia activa que interviene en nuestra vida, llevando siempre la iniciativa. Nosotros tenemos conciencia de haber muerto y haber resucitado con Cristo porque  experimentamos en nosotros el deseo del resucitado, el deseo de Dios. Aspiramos a los bienes definitivos a través del uso de los bienes de esta tierra. Mientras estamos en este mundo todavía no se manifiesta del todo claramente la realidad de la resurrección presente ya en nuestras vidas. Cuando Jesús vuelva glorioso, entonces también nosotros apareceremos triunfantes con Él.

¿Qué ha pasado con nuestra fe? Quizás estaba ligada a un mundo exterior de formas, símbolos, valores, que se sostenían por la presión social sin que hubiera una verdadera experiencia del resucitado que diera sentido a todas esas formas exteriores. Quizás nuestra fe se ha vuelto demasiado lánguida y ya no es capaz de generar valores que sean percibidos como tales por todos los conciudadanos. Quizás esto no sea hoy día posible. Vivimos en un continuo conflicto de interpretaciones y de valores. No por eso debemos desanimarnos y abandonar nuestra fe. Al contrario, cuanto más viva sea más atractiva resultará. Por eso tratamos de nutrirla en el sacramento de la eucaristía, en el encuentro con el resucitado para que se fortalezca ante los desafíos del presente.

 

 

 

 

By

Va por delante de vosotros a Galilea

16 de abril de 2017 – Vigilia Pascual de la Resurrección

 Hay reuniones de familia en las que hacemos memoria de la historia familiar. Esta noche leemos algunos momentos más significativos de esa historia del amor de Dios a favor de su pueblo. Todo empezó con la creación, inicio de esa historia y momento de gracia, porque Dios crea al hombre a su imagen y semejanza para poder compartir con él su vida divina (Gn 1,1-2,2). La resurrección de Jesús inaugura la nueva creación en la que todo el universo será transformado y adquirirá la plenitud a la que Dios lo tenía destinado. No sólo el hombre sino la creación entera son redimidas por la resurrección de Cristo.

Ninguno de los evangelios narra propiamente lo que pasó en el momento de la resurrección. Todos utilizan un lenguaje eminentemente simbólico, el único que puede unir el tiempo y la eternidad. Mateo es el único que aparentemente intenta una explicación del hecho (Mt 28,1-10). Lo presenta como una intervención de Dios en la historia mediante la figura de un ángel, que provoca una especie de terremoto al correr la piedra de la entrada del sepulcro.

Ante la acción divina, tanto los guardias como las mujeres quedan presos de pánico. El ángel trata de tranquilizar tan sólo a las mujeres, que son las destinatarias del mensaje celeste. Se proclama el mensaje cristiano: el crucificado, que buscan las mujeres, no está allí sino que ha resucitado, según lo había anunciado. Es, por tanto, un hecho que no debiera sorprenderlas. Ellas mismas pueden constatar que no está en el sitio donde yacía.

El ángel confía a las mujeres el anuncio de la resurrección a los discípulos. Éste contiene no sólo el hecho de la resurrección sino también su interpretación. Jesús tiene de nuevo la iniciativa. El resucitado, presente en la historia, les da cita en Galilea para encontrarse con ellos allí. También las mujeres deben recordar a los discípulos que todo esto había sido ya anunciado por Jesús y, por tanto, es la confirmación de sus palabras.

Las mujeres, impresionadas y llenas de alegría, corrieron a dar la buena noticia a los discípulos. Para ellas había sido suficiente el escuchar el anuncio de la boca del ángel. Pero, de pronto, van a tener la confirmación al ver a Jesús que vino a su encuentro. Su saludo es una invitación a la alegría, como en otras apariciones es un deseo de paz. Paz y alegría es el saludo cristiano, fruto de la buena noticia de la resurrección del Señor.

Las mujeres, postrándose ante Él y abrazándole los pies, muestran su temor reverencial ante su persona. Por eso Jesús tiene que tranquilizarlas. Les da el mismo encargo que el ángel para sus discípulos, aquí llamados “hermanos”; les cita en Galilea. ¿Por qué en Galilea? Jesús había empezado su ministerio en Galilea. Allí había llamado a sus discípulos. La muerte había interrumpido aparentemente su misión. Ahora les va a mostrar que la misión continúa, porque Jesús sigue vivo. Jesús está vivo y eso es lo que hace que su Evangelio siga siendo una fuerza de salvación para el que cree en él, en Jesús. Que en la celebración de la eucaristía experimentemos la presencia del Señor resucitado que nos envía a anunciar esta Buena Noticia.

 

 

 

 

By

Ahí tienes a tu Madre

14 de abril 2017 – Viernes Santo

 

Por mucho que nos cueste, no es posible un cristianismo sin cruz. El Señor crucificado  constituye el centro de nuestra fe, hecho escandaloso que no debemos traicionar silenciándolo. Hoy escuchamos de nuevo la historia de su pasión. San Juan cuenta más o menos los mismos hechos que san Lucas, que escuchábamos el Domingo de Ramos, pero en una perspectiva diferente (Jn 18,1- 19,42). Aquí no tenemos ya al justo sufriente sino al Señor exaltado en la cruz, que reina sobre el mundo y reparte sus dones. Pero su poder es el del servicio, el de dar la vida a favor de los demás. Es un servicio que, como insistía el papa en el inicio de su pontificado, que se hace cargo de los demás, que cuida con ternura no sólo a  los hombres sino también a toda la creación.

En la narración de Juan, Jesús ya no es simplemente la víctima pasiva y silenciosa sino el protagonista que maneja los hilos de toda la trama. En el huerto de los olivos, sus enemigos caen por tierra, simplemente al escuchar su voz. Sólo cuando Jesús se lo permite, para que se cumpla la Escritura, lo pueden prender. El proceso ante Pilato muestra que Jesús es Rey, es decir, el Mesías esperado por Israel, pero rechazado ahora por el pueblo y sus autoridades. Jesús es condenado por ser testigo de la verdad, de la verdad de Dios y de la verdad del hombre. La verdad es siempre incómoda pero se abre siempre camino. También la Iglesia está al servicio de la verdad, no para usarla como instrumento arrojadizo contra los adversarios sino para que ésta se abra paso en el corazón de todo hombre que busca el bien, la verdad y la belleza.

Jesús es condenado a muerte como Rey de los judíos. Es el título que aparece en la cruz como causa de su condena. Exaltado en la cruz, empieza a atraer a todos hacia sí. La crucifixión es ya el momento de la exaltación gloriosa de Jesús. Desde la cruz, dueño de las circunstancias, empieza a repartir sus dones regios, en una especie de testamento. La túnica echada en suerte significa la unidad de la Iglesia, que brota de su costado abierto, que mana sangre y agua, fuente de los sacramentos del bautismo y eucaristía. Da su madre al discípulo amado y en él a todos los creyentes como el gran regalo que acompañará la vida de la Iglesia. El evangelista, en vez de decir que Jesús muere, dice “entregó su espíritu”, da su Espíritu a la Iglesia. Es ya Pentecostés. Confortados por ese Espíritu, sus discípulos Nicodemo y José de Arimatea, hasta ahora escondidos, empiezan a dar la cara. Su entierro es verdaderamente el de un rey, con un derroche increíble de perfumes y ungüentos,  pagados por Nicodemo.

En su testamento, Jesús hace don de su mayor tesoro, su Madre, al Discípulo Amado. Los Marianistas recordamos este hecho todos los días en la Oración de las Tres. Hoy hacemos memoria agradecida de esta acción fundacional, que está al origen de la Iglesia, representada en María y Juan. Todos hemos nacido de esta Iglesia, que brotó del costado de Cristo, nuevo Adán, con los sacramentos del agua del bautismo y de la sangre de la eucaristía.

Como el Discípulo Amado acogemos a María en nuestras vidas, y en ella acogemos la Familia Marianista, célula de la Iglesia, en la que vamos siendo formados en el seno de su ternura maternal. Acogemos esta Iglesia-Familia como madre nuestra, con sus grandezas y limitaciones. Al mismo tiempo nos comprometemos a colaborar con María en su misión de engendrar nuevos hijos para su Hijo Primogénito. En esta hora histórica de nuestro mundo  queremos renovar a fondo nuestra Iglesia para que aparezca ante el mundo con su verdadero rostro de madre. Con ella nos abrimos a las dimensiones de nuestro mundo con todas sus necesidades y las presentamos ante el Señor Crucificado, que reina ya glorioso e intercede por todos ante el Padre.

By

Los amó hasta el extremo

13 de abril de 2017 – Jueves Santo

 En la vida empezamos a aprender observando lo que hacen los demás. Los libros vienen después. Al principio son nuestros padres los que nos sirven de referencia. Jesús enseñó muchas cosas a sus discípulos el poco tiempo que vivieron con Él de manera tan intensa, día y noche. De Él aprendieron no tanto hermosas teorías sino un estilo de vida. Al final todavía no comprendían por qué el Maestro tenía que morir y sobre todo qué sentido podía tener tal muerte. Por eso Jesús hizo dos gestos proféticos, que debían ser más elocuentes que las largas explicaciones que les podía dar. Estos gestos  debían dejar claro el sentido de su vida y de su muerte. Son la institución de la Eucaristía y el lavatorio de los pies. La Eucaristía actualiza el misterio de su muerte y de su resurrección, pero también el lavatorio de los pies habla de su entrega amorosa y de su servicio humilde.

El evangelio de Juan presenta el final de Jesús en conexión con la Pascua (Ex 12,1-14), en sentido de paso, paso de la esclavitud a la liberación (Jn 13,1-15). Se trata en este caso del paso de Jesús de este mundo al Padre, misterio pascual de nuestra liberación.  La vida de Jesús se resume en su amor por nosotros. Ahora va a manifestar el colmo de ese amor con su entrega a la pasión. Ésta comienza con una cena, que en Juan no es la pascua  judía, pues es Jesús inmolado la verdadera pascua cristiana. Jesús hace un gesto profético, que pone bien de manifiesto lo que significa el amor. Lo hace a sabiendas de que Judas ha tomado ya la decisión de entregarlo.

El gesto profético es el del lavatorio de los pies de sus discípulos, que tiene como paralelo la institución de la eucaristía en los sinópticos. Ambos gestos significan lo mismo. Es el amor de Jesús manifestado en el servicio humilde, trabajo de siervo, en el que se da la vida por los discípulos. La acción provocó tal sorpresa en Pedro, que quiso oponerse y no dejarse lavar los pies. A pesar de que Jesús le prometió que un día entendería esta acción, Pedro siguió porfiando y sólo se dejó convencer cuando Jesús le amenazó con excluirlo de su compañía. Pedro entonces quiso corregir su metedura de pata y se mostró dispuesto a dejarse lavar también las manos y la cabeza. Jesús le indica que no es necesario, pero al mismo tiempo da a entender la situación irregular de Judas.

Jesús explica el gesto profético e invita a los discípulos a seguir su ejemplo, a hacer lo mismo. Es una especia de memorial como la institución de la eucaristía (1 Cor 11,23-26). Repitiendo el gesto hacemos presente al Jesús, Maestro y Señor de la comunidad, convertido en el servidor de todos. Probablemente es lo que de manera confusa intuía Pedro y no le gustaba nada eso de tener que estar al servicio de los demás.

Jesús ha escogido el puesto del servidor, y ése es el puesto que debe elegir la Iglesia y los cristianos. Los cristianos debemos imitar al Jesús servidor y no tanto querer apropiarnos de sus títulos de Maestro y Señor. Son títulos que le convienen a Él y de los cuales no ha querido hacer ostentación. Ha sido Maestro y Señor en tanto que servidor, que enseña con el ejemplo. También la Iglesia será Madre y Maestra en la medida en que sepa colocarse entre los últimos y al servicio de los últimos. Que la celebración de la eucaristía nos haga vivir el amor fraterno como servicio y entrega a los demás.

 

By

Cristo se hizo obediente hasta la muerte de cruz

9 de abril de 2017 – Domingo de Ramos

Los triunfos, sobre todo en los deportes, que tanto seducen a nuestros contemporáneos, suelen ser pasajeros. Son muy pocos los que siguen siendo recordados. Las muchedumbres que seguían a Jesús quisieron alguna vez proclamarlo rey y Él se escapó. Pero, al acercarse a Jerusalén para sufrir su pasión, Él mismo escenificó lo que habría de ser su realeza, una realeza alternativa. En vez de entrar como un triunfador, se presenta como una persona humilde, dispuesta a afrontar los fracasos de la vida (Is 50,4-7). Escucharemos una vez más la lectura de la pasión (Mt 27,11-54). No asistiremos, sin embargo, como si se tratase de un espectáculo, ajeno a nuestras vidas, sino que nos sentiremos protagonistas de lo que ocurre y trataremos de entrar en los sentimientos profundos de las personas, sobre todo de Jesús.

El himno de la Carta a los Filipenses (2,6-11) nos permite situarnos en el corazón del misterio pascual que celebraremos esta semana. Es un misterio de humillación y de exaltación. Tenemos que vivir ambas dimensiones con los mismos sentimientos de Cristo Jesús. La dimensión de humillación resume toda la vida de Jesús, que va descendiendo progresivamente en la escala humana hasta tocar el fondo.

Jesús, como Dios, podía haber vivido como Dios, pero curiosamente quiso vivir como un hombre. Todo lo contrario de Adán, que quiso ser como Dios y no simplemente un hombre. Pero Jesús no buscó el ser un hombre con privilegios que facilitan la vida sino que se hizo uno de tantos, más aún adoptó la forma de servidor, de esclavo. Es lo más bajo en la escala social. Una persona sin derechos. Podemos decir que Jesús renunció a sus derechos para defender a los que no tienen derechos.

El hombre toca el fondo de la existencia humana cuando muere. Jesús aceptó obediente  la muerte, porque veía en ella la manera de solidarizarse con el hombre sometido a la muerte. Jesús aceptó además una muerte de cruz, es decir, una muerte infame, como la de un esclavo, o peor, como la de un pecador renegado. Él cargó con nuestros pecados.

Es entonces cuando Dios lo exalta. Se refiere sin duda alguna a la resurrección y ascensión, consecuencias de su humillación. Es Dios el que transforma totalmente la situación y muestra que Jesús era el Hijo amado del Padre y no un pecador como creían sus enemigos. Dios le da su propio nombre, es decir su propia realidad y esencia, su divinidad. El Verbo era Dios desde toda la eternidad y recibía la divinidad del Padre y a Él la devuelve eternamente. Pero ahora es el Verbo encarnado el que recibe de Dios la divinidad. Es decir la humanidad ha sido introducida en el seno de la divinidad. Ahora Jesús es adorado como Dios y considerado Señor del cielo y de la tierra.

El Domingo de Ramos anticipa un poco ese triunfo de Cristo para que no nos desanimemos cuando lo veamos totalmente humillado y abandonado. Sabemos que es precisamente esa humillación la que lo llevará al triunfo. Celebremos también nosotros en la eucaristía el triunfo de Jesús sobre las fuerzas de la muerte y del odio.

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies